Escribir...
Me gusta hacer aquello que realmente me apasiona y me llena, sentirme libre y plena de hacer las cosas que más me gustan por ese sencillo hecho de que ¡me gusta! No me siento cómoda cuando algo no me apasiona, tanto así, que me vuelvo intolerante a las “obligaciones” en el sentir de la palabra, pues lo que se obliga, no se ama, a tener que hacer las cosas “por compromiso”, ese sentimiento pesado de cumplir una obligación y hacer algo donde no hay pasión ni motivación es muy desagradable.

Soy eterna apasionada de la vida, “la pasión” es algo que me acompaña, como la sombra y el café, como un buen libro y mi ipod, pues son también la música, la lectura, la escritura parte de mis pasiones.
Escribir por ejemplo se me da con naturalidad, me llena pasión, de felicidad, no sé lo hago bien o lo hago mal, pero me apasiona con locura…
Así como también la lectura, me encanta siempre tener un libro a la mano, la compañía de estos es única y majestuosa, se me hace fácil ahora leer cientos de publicaciones al día, leer algún artículo, leer opiniones permite ampliar el criterio con el que se observan las cosas, además te empuja al suelo y te hace ver que no estás solo en el mundo, que hay gente que comparte y difiere de tus ideas y pensamientos; y que por el contrario te eleva en la dirección exacta al sentirte cómodo con algo, con alguien, con una situación e incluso con utopías.
Leía hace poco a Melina Gómez, una columnista argentina que reivindica a “los amos de las palabras”, dice ella, «“el escritor es esa especie de kamikaze que se expone al mundo para bombardearse. (O es un imbécil que a través de un romanticismo escueto pretende decir que su vida es una mierda y no dar tanta pena.)». Y cuánta razón en un argumento, basta con que el artículo se publique, para ser bombardeado por un montón de juicios, escribas algo así sea en Twitter o Facebook, desde el que te juzga por “tirártela de poeta” hasta aquellos que comparten sus propias vivencias y las contrastan con la tuya. De ahí que la única autoproclamación que me hago es la de ser una “poeta de twitter” y una escritora de blogger”, no más.
Hay que considerar que escribir no siempre equivale a ser escritor, retorcer palabras no te da el título”. Y además que compromiso ser llamado o autoproclamarse “escritor” la responsabilidad de tener por lo menos artículos reconocidos y admirados por las masas es tan pesada que prefiero seguir expresando ideas y compartirlas con amigos, e incluso con ustedes, que tenemos esta “relación” on line, fructífera, donde me nutro de ustedes y bueno, supongo que algo debo dejarles.
Escribo porque encontré en el teclado de la computadora, ese lienzo en blanco que brilla en la pantalla y donde tintinea el cursor, en esa página de mi libreta donde el lapicero se desliza jugando con las letras, una para inmortalizar los sentimientos, un refugio para expresar lo que se atraviesa, sirve como terapia, como un blanco de dardos o como el gatillo que un arma, dependiendo el ánimo que tengas al momento de escribir.
Escribo porque, segura estoy, de que alguien me lee, y no por el hecho de inflar el ego, sino porque las ideas están hechas para ser disfrutadas por alguien, escribo no sólo por lo que me pasa, sino por quien escucho y no sabe, ni quiere darle forma a sus expresiones, escribo porque es lanzarle palabras al viento que chocarán contra algunas malas caras, serán escuchadas por oídos exigentes, saboreadas por bocas muy sexys y admiradas por los ojos críticos que nos ayudan a crecer, «escribo, escribo sólo para no morirme»
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